Viure
Creemos que paseamos por espacios geográficos pero en realidad paseamos por las vidas de los otros, cuando estamos solos, siempre paseamos por calles vacías.
Cuando estamos acompañados buscamos puentes, autopistas, atajos... y no siempre los encontramos.
A veces nos acabamos estrellando contra la barrera de la mala gestión de nuestros sentimientos y acabamos de nuevo fuera de la autopista, por solitarias carreteras secundarias que parece que no lleven a ningún lugar.
Está manera de pasear imperfecta, a veces terriblemente accidentada, nos va convirtiendo en lo que somos y a la vez va llenando nuestra mente de olvido.
No puedo vivir siempre escondida: en algún momento he de mirar de frente mis sentimientos, en algún momento he de pasar por encima de los precipicios que creé y superar mi vértigo, en algún momento he de darme cuenta de que no fui yo la única en estrellarme, la única imperfecta.
En algún momento he de entender que nadie me recuerda, pero que es probable que todos me añoren, como se añoran los paisajes que alguna vez nos acogieron.
Cuando estamos acompañados buscamos puentes, autopistas, atajos... y no siempre los encontramos.
A veces nos acabamos estrellando contra la barrera de la mala gestión de nuestros sentimientos y acabamos de nuevo fuera de la autopista, por solitarias carreteras secundarias que parece que no lleven a ningún lugar.
Está manera de pasear imperfecta, a veces terriblemente accidentada, nos va convirtiendo en lo que somos y a la vez va llenando nuestra mente de olvido.
No puedo vivir siempre escondida: en algún momento he de mirar de frente mis sentimientos, en algún momento he de pasar por encima de los precipicios que creé y superar mi vértigo, en algún momento he de darme cuenta de que no fui yo la única en estrellarme, la única imperfecta.
En algún momento he de entender que nadie me recuerda, pero que es probable que todos me añoren, como se añoran los paisajes que alguna vez nos acogieron.


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